
"Pero sucedió algo muy imprevisto. Al joven Cadou le impresionó tanto ver a Gombrowicz entre las cuatro paredes, que apenas pronunció palabra a lo largo de la velada y acabó (...) sintiéndose literalmente un mueble del salón en el que cenaron.
A partir de aquella metamorfosi casera, el joven Cadou vio cómo quedaban anuladas para siempre sus aspiraciones de llegar a ser escritor".
Bartleby y compañía, E.V.
