Y día tras día me invade una vulgaridad incipiente que nunca sabré remediar. Siento que si desapareciera nadie lograría percatarse de mi absencia. Proablemente, son pocos los que sabrían recordar mi nombre o los alguna vez se fijaron en mi rostro. Pura ingenuidad, la mía, al pensar que alguien recibía mis sonrisas y contemplaba mis miradas. Tan cerca y a la vez tan lejos…
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